Televisión y universidad
sábado, 14 de agosto de 2010
Hablamos de una derrota
Me parece que son varías las razones para llamar así a esta experiencia de perdida, de esta forma de ser doblegados en un desafío que tiene que ver con la lucha constante por superarnos a nostros mismos y aceptar los desafíos que nos plantea el mundo en que vivimos, conservando la fidelidad a la propia identidad y los propios valores.
La televisión ha estado ligada a la Universidad Católica por casi la mitad de su vida, si tomamos 1888, año de la fundación, pero en realidad por más de la mitad de su "nueva vida" cuando se superó una crisis que tuvo a esta institución al borde del cierre y, desde 1930 en adelante, se inicia un periodo de crecimiento vigoroso y sostenido. Así desde los inicios de los sesenta hasta hoy, la sociedad chilena se ha relacionado con esta universidad también a través de este medio de comunicación que ha actuado muchas veces como simbolo de la sociedad contemporánea. Es en esa sociedad donde la Universidad Católica tiene sus tareas prioitarias, donde debe prestar su servicio, donde debe escuchar demandas e inquietudes, donde debe entregar su capacidad de imaginación y creación. Es este nuestro horizonte de metas y desafíos. Es Chile, es el inicio de la segunda década del siglo XXI el terreno donde debemos luchar por superarnos y crear, donde debemos ejercitar la imaginación y encontrar respuestas para las demandas de este tiempo y lugar, con el respaldo y fundamento de la historia y la experiencia.
Por esta razón rendirse incondicionalmente ante los resultados de una mala gestión sería una derrota total para parte de la misión de la Universidad Católica frente al país. Esta institución recibio una responsabilidad cuando comenzaba la televisión en Chile y debe honrar el compromiso adquirido entonces. Por otra parte entre las tareas que se impone a sí misma la Universidad Católica se encuentra la de asumir una misión de comunicación y educación, dando testimonio del sello católico. Así la televisión de la Universidad Católica debiese ser esencialmente un medio de educación y cultivo de los valores humanos y desde esa posición se debe insertar en el mundo de las comunicaciones de masas y en la industria de la entretención, sin rendirse ni hacer concesiones a veces indignas. A través de los años la vida de la Universidad y la del Canal 13 comenzaron a separarse, y tambien a tensionarse, debido justamente al cambio de prioridades en la forma de administrar la estación de televisión. Comenzó la triste y peligrosa confusión de medios y fines, olvidandose el fin para el cual la universidad había desarrollado su proyecto televisivo, viviendose al día y con la impresión de que el canal era esencialmente una entidad generadora de recursos.
El abandono de los propositos iniciales, que se da de manera paulatina, vivió un aceleramiento dramático en los últimos años tensionando fuertemente la vida interna de la universidad pues fueron cada vez más numerosos los integrantes de la comunidad académica que sentían verguenza por la imagen que Canal 13 proyectaba al país. Esto se explicaba por qué mas que atender a la misión inicial la dirección de la televisión apuntaba a la competitividad en el mundo de la televisión de entretenimiento y el ámbito de los negocios ligados a este medio masivo.
Fue un momento fatal pues se perdió la confianza mutua y comenzá a cobrar fuerza en la universidad la idea de desprenderse de ese incómodo lastre representado por el canal de televisión que ahora no generaba las entradas de otros tiempos. No sólo eso. Comenzaba a dejar perdidas cada vez mayores y daba pocos motivos de satiusfacción a la universidad.
En toda esta relación, que se hacía cada vez más crítica, fue notable la falta de innovación y creatividad demostrada por quienes condujeron el canal, atentos a las lógicas de la industria de la televisión mundial y guiados por la obsesión de ganar audiencia no importando el precio, ni los desafios especificos que requería Chile y la propia Corporación de Televisión de la Universidad Católica para ser fiel a su misión.
La dramática situación financiera que obligó a vender los dos tercios del Canal 13 es a la larga la expresión de un mal que se venía incubando desde mucho antes. Es en definitiva el sintoma del abandono de la misión original de la televisión universitaria.
Nos dimos cuenta tarde y de manera en cierto modo sorpresiva de que habíamos perdido nuestro canal de televisión que pasaba a manos de un socio estratégico. Por mucha confianza que este pudiese inspirar la realidad indica que se ha perdido decisivamente un medio poderoso y con ello hemos resignado parte de nuestras responsabilidades con la sociedad.
Hemos vivido una derrota por que no supimos cumplir con parte de nuestra responsabilidad y sucumbinos a las condiciones del mercado, de un mercado para el cual debimos prepararnos con mayor cuidado e inventiva. Hemos vivido una derota porque ahora si que hemos pactado con las condiciones más duras de ese mercado televisivo gobernado por la industria del entretenimiento, que no deja en la practica espacios para la televisión educativa, obligando a esta a ambientarse en los nichos de quienes ya tienen una cierta preparación cultural. Hemos sido también derrotados por que entendiendo la situación desesperada generada por el agobiante defícit, no hemos generado las condiciones para diagnosticar, reflexionar, imaginar y proponer ideas sobre la relación universidad, televisión y sociedad. Es una derrota por que estamos renunciando a incidir en la vida del país, asumiendo sólo una dimensión de reacción mucho más que de propuesta como se debe esperar de una universidad. Es una derrota el que no exista aún un dialogo universitario, abierto a todos los integrantes de esta comunidad, sobre nuestras responsabilidades pasadas y presentes relacionadas con la televisión y el dialogo y el servicio al Chile de hoy.
Creo que el anuncio del 6 de agosto representa una derrota para la universidad.
Es una derrota el haber separado el canal de televisión de la vida de la universidad
Es una derrota el no haber sabido corregir a tiempo lo que se entreveía como una perdida de conducción y sentido.
Es una derrota haberse convencido de que no se puede hacer televisión de calidad en señal abierta.
Es una derrota el haber abusado del término "imposible".
Es una derrota el haber renunciado a una televisión educativa para entregarla al mercado de la entetención casí sin sello de distinción.
Es una derrota haber cedido a las presiones de un mercado sin haber imaginado alternativas creativas y originales.
Es una derrota no haber sido capaces de admnistrar un talento que se nos entregó y haberlo escondido en el terreno de lo convencional.
Es una derrota no haber hablado con claridad antes.
Es una derrota no haber escuchado antes.
Es una derrota mantener las formas de una comunidad cuando no hay voluntad de darle vida.
Es una derrota cuando lo que hemos podido aportar - y se hizo- a la sociedad chilena se hace invisible por el peso de lo escandaloso.
Es una derrota para la universidad cuando se opta por la solución más facíl, aunque dolorosa, de desprenderse de la tarea y los desafíos que presenta la televisión, en particular la abierta.
Es una derrota para la universidad cuando no damos respuestas adecuadas al Chile de hoy.
Es una derrota para la universidad cuando no buscamos establecer criterios paritarios para relacionarnos con la sociedad a través de la televisión.
Es una derrota para la universidad el no haber podido constituir un modo de relación imaginativo, creativo, responsable y realista de un medio tan significativo para una sociedad moderna como la televisión.
Sin embargo la experiencia de la derrota ha sido en numerosas ocasiones una experiencia de aprendizaje de enorme potencia. La historia nos muestra muchos casos en los que desde el sentimiento de desaliento por haber sido doblegados y avasallados diversos grupos y pueblos se han rehecho y han convertido una ocasión terminal en un punto de partida con caracter fundacional.
Hace setenta años exactos ,el historador Marc Bloch escribía su testimonio de la experiencia de guerra como oficial francés frente a los ejercitos alemanes, poníendole como título a su obra La extraña derrota. En esa obra reflexionaba sobre cómo se habían dado las cosas para convertir a la orgullosa Francia, a la gran nación, a la victoriosa en la Gran Guerra, en un país derrotado y desorientado. Sin embargo escribia tambien despues del llamamiento de la Francia Libre, con el convencimiento de que ese oscuro momento sería pasajero.
Como hiciera De Gaulle, como hizo Bloch, ellos y muchos otros creyeron contra toda evidencia de momento, contra lo que parecía viable y razonable, que su país podría renacer y rehacerse con capacidad de mirar más alla de lo evidente y de creer en los valores compartidos. Sabemos que lo lograron. En el caso de Bloch, un intelectual, su aporte fue multiple llegando hasta dar la vida pues fue asesinado por los nazis en junio de 1944, poco antes de la liberación. Dejó, despertado por la crisis de la derrota, uno de sus más importantes legados, el manuscrito interrumpido, escrito en tiempos de clandestinidad y resistencia, de Apología para la historia u oficio de historiador, un texto magnifico e inspirador en el que busca explicar, ni más ni menos, para qué sirve la historia.
Puede ser desmesurada la comparación que invoco, pero me interesa subrayar que una derrota consistente y dura, dolorosa y desconcertante, apabullante incluso no significa renunciar a los principios fundamentales y que el amor a la propia causa nos puede impulsar no sólo a corregir antiguos males y falencias sino a desarrollar un modo de acción renovado y creativo, promisorio y cargado de futuro. La invitación es a conversar y razonar como universitarios sobre nuestra propia extraña derrota con la convicción personal de que este momento es lejos de un fin una gran oportunidad de servir más y mejor.
viernes, 13 de agosto de 2010
DESAFÍOS DE UN NUEVO ESCENARIO: UNIVERSIDAD, TELEVISIÓN Y SERVICIO
DECLARACIÓN DE ACADÉMICOS POR LA RECUPERACIÓN DEL CANAL 13
Las autoridades de la Universidad, encabezadas por el Rector Sánchez, han tomado una importante decisión. Esta decisión, que se adopta a raíz la dificilísima situación financiera del Canal 13, supone la venta de una participación mayoritaria de la Corporación de Televisión a un grupo financiero, esperando por esta vía sanear la crisis que lo afecta y con ello poner fin a una serie de disputas que afectaban a una parte de la comunidad universitaria, pues un sector de ella se había sentido disconforme con el manejo de Canal 13 por un tiempo prolongado.
El rector Sánchez comunicando esta medida ha declarado que “sin duda esta fue una decisión difícil, pero estamos confiados que será muy beneficiosa tanto para Canal 13 como para la Pontificia Universidad Católica de Chile como un todo”. Así también lo esperamos quienes suscribimos esta declaración, convencidos de que esta decisión puede y deber ser una etapa de un proceso más largo y aún no concluido.
Podemos entender las razones de esta medida puesto que hemos estado y estamos fuertemente afectados por la crisis financiera y de imagen del Canal 13, lo que perturba de manera significativa la vida de la universidad. Ha sido una medida que seguramente muchos de los integrantes de la comunidad universitaria consideramos dolorosa, tratando aún de convencernos de que era efectivamente necesaria. Varios de nosotros enfrentamos esta decisión como una derrota para nuestra corporación universitaria y su misión en nuestra sociedad.
Ha sido la falta de fidelidad a nuestro espíritu y misión, la tendencia a acomodarnos a los ritmos pasajeros de las modas, la confusión en relación a lo que es un medio y lo que son los fines de nuestra tarea como Universidad Católica de Chile, lo que nos ha llevado a esta situación crítica y aparentemente irreversible. Mucho más que los números, ha sido la renuncia a imaginar respuestas originales y marcadas con un sello propio, la falta de reflexión con sentido acerca de lo que debe ser la misión de los medios y la entrega a un juego de mercado que en cierta medida desnaturaliza nuestro ser lo que ha causado esta crisis que nos hace retroceder en nuestra tarea en la sociedad. Son estas carencias y omisiones las que han sorprendido a nuestra Universidad al grado de llevarnos a la situación en la que hoy nos encontramos.
Pero, ¿se ha dicho la última palabra? ¿La esperanza debe desaparecer? ¿La derrota es definitiva? ¡No!
Creemos que tenemos una oportunidad para recuperar el vínculo de la Universidad con la Corporación de Televisión, retornando al espíritu de los orígenes del canal 13, esta institución que por medio siglo ha acompañado la misión de servicio a la Iglesia, y a Chile. La crisis que enfrentamos nos da una posibilidad para que los miembros de la comunidad universitaria, y muy especialmente los académicos, retomemos los vínculos con un medio que nos permite cumplir con una amplia cobertura nuestra tarea de difundir el conocimiento y la cultura. Este desafío no se limita al rechazar y superar triste lamento por perder una parte de nuestra historia común. Esta derrota del espíritu de la universidad no se decidió en el acuerdo con el grupo Lucksic. Esta situación ciega se generó paulatinamente cuando fuimos divorciando la vida del Canal 13 de la de la Universidad Católica en general, conformándonos con formales reconocimientos recíprocos que buscaban negar una situación de hecho en que la mutua desconfianza entre la Universidad y el Canal crecía. Todos los errores, todos los retrasos, todas las situaciones incomprensibles no impiden que haya, en el futuro, la posibilidad de encontrar . los medios necesarios para recuperar un día a nuestros instrumentos de comunicación y servicio. Derrotados hoy por la fuerza de las circunstancias que han obligado a las autoridades de la Universidad a esta drástica medida, podemos recuperar en el futuro con una nueva fuerza y convicción un instrumento que no debimos nunca descuidar. Los que suscribimos este llamado a comprometerse en la recuperación del porcentaje que el acuerdo de venta estipula invitamos a los académicos y demás integrantes de la comunidad universitaria a no mirar con indiferencia, fatalismo o desprecio la resolución de la Rectoría sobre el Canal 13. Por el contrario quisiéramos convertir este duro momento en una instancia refundacional de la relación entre la PUC y UCTV. Con el mayor respeto y buscando comprender la decisión de la autoridad comprometemos nuestra capacidad de trabajo, nuestra imaginación y creatividad y nuestro espíritu de servicio para que en nuestro país no se pierda la misión que nos legaron nuestros fundadores, para que no se venda lo que esta fuera de los mercados y para que podamos finalmente, con nuestro espíritu crítico y nuestra conciencia y responsabilidad comprometidas con la construcción del futuro, atender al mandato evangélico de ir y enseñar a todos los pueblos.
Santiago de Chile, 11 de agosto de 2010.